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El Jardín del Edén, entre la ficción y la realidad

20 agosto, 2019.

Existen muchas coincidencias entre la literatura religiosa que habla del Paraíso y los hallazgos del arqueólogo Klaus Schmidt en Göbleki Tepe, considerado el templo más antiguo y posiblemente la primera expresión arquitectónica en la historia de la humanidad.

Staff Digital Bricks 

A solo quince kilómetros de la antigua ciudad de Urfa, en la terminación occidental de la cordillera Ante-Tauro del sureste de Anatolia (hoy parte de la República de Turquía y cerca de la frontera con Siria), se asienta el que es considerado el templo de piedra más antiguo del mundo; nos referimos a Göbekli Tepe, construido en el punto más alto de una extensa cadena montañosa aproximadamente en el 9500-8500 a.C.

Aparte de varias estructuras megalíticas de piedra caliza dispuestas en círculos, con anillos de pilares tallados en forma de T y con columnas más grandes inscritas en su centro (las que alcanzaban hasta cinco metros de altura), en esta colina se aprecian inmensos edificios que datan de hace más de 10 mil 500 años y que fueron encontrados en 1994 por el arqueólogo alemán Klaus Schmidt, del Instituto Germánico de Arqueología de Estambul, junto con algunos colegas del Museo de Sanliurfa en Turquía.

Un estudio realizado en 1963 concluyó que los fragmentos dispersos de corte y piedra caliza, además de piezas rotas de esculturas localizadas en Göbekli Tepe, resultaron de un cementerio bizantino en el olvido, pero la gran cantidad de grabados y figuras en forma de serpientes, escorpiones, leones, jabalíes, asnos, ovejas, cabras, insectos, aves acuáticas, buitres, aves no voladoras y varios cánidos (como el zorro, el lobo y la hiena) hizo suponer que los cazadores y recolectores primitivos vagaban por el fértil paisaje con propósitos solo de adoración o como un mero hábito de supervivencia.

Y es que la agricultura y la ganadería apenas existían cuando Göbekli Tepe se construyó, aparte de que la presencia del arte en los edificios, el gran esfuerzo que supone la ejecución de este espacio y la falta de pruebas de un asentamiento permanente en la zona llevó a Schmidt a la teoría de que se trataba apenas de un lugar sagrado y “de paso”.

Pero en el terreno también se han descubierto varios indicios como para suponer que Göbekli Tepe pudo ser el enclave en el que los primeros homo sapiens lograron un conocimiento más avanzado, un salto evolutivo muy pronunciado que permitió a los cazadores abandonar sus armas y tener acceso a la astronomía, arquitectura, astrología y matemáticas, y se dice -aun sin explicación comprobable- que aprendieron a crear herramientas muy precisas para la construcción de fortalezas y ciudades, para pulir y trabajar la piedra o el granito, para transportar ingentes bloques o esculpir figuras.

Zorros, buitres, el cosmos y la ‘catastrofobia’

Más sorprendente todavía aún es pensar en la posibilidad de que las figuras esculpidas o las estructuras megalíticas de Göbekli Tepe hayan podido considerar el movimiento preciso del Sol, la Luna, las estrellas y hasta de los cometas.

Cabe mencionar que en varias partes del mundo antiguo, el zorro, o la cola del zorro para ser más precisos, se ha identificado con la aparición de los cometas, y además este es el animal que aparece con mayor frecuencia en el arte tallado de Göbekli Tepe.

También se sabe que durante el Neolítico se practicó el culto a los muertos, asociando la excarnación o descarnamiento de las aves con los cadáveres humanos después de la muerte.

En Göbekli Tepe, por lo general, se muestra el alma del individuo como una cabeza en forma de bola, en ocasiones saliendo de su entorno material en compañía del buitre, actuando en su calidad de psicopompo, una palabra griega que significa “portador del alma” o “acompañante del alma.”

Durante este periodo, y podría decirse que hasta en el Paleolítico, el alma humana fue tal vez vista entrando en la vida después de la muerte, ya sea como un buitre o acompañado de esta ave, lo cual se muestra en uno de los pilares de Göbekli Tepe, también conocido como “el buitre de piedra”.

Los expertos aseguran que, a raíz del impacto de un cometa conocido como Younger Dryas (así también se le llama a una fase breve de enfriamiento climático a finales del Pleistoceno), las poblaciones de la Edad de Hielo probablemente estuvieron buscando nuevos territorios. Este evento también pudo haber inculcado un fuerte sentido de “catastrofobia” entre los habitantes del sureste de Anatolia, tan fuerte como para animarse a construir Göbekli Tepe.

Estos habitantes igualmente buscaban un espacio para que sus chamanes pudieran entrar al mundo del cielo y restringir las funestas acciones del cosmos, el cual podría provocar catástrofes o la destrucción del mundo si no se mantenía bajo control, ¿o cómo explicarse que las piedras encontradas por el arqueólogo Schmidt estén posicionadas como radios de una rueda frente a dos monolitos en forma de T mucho más grandes, de lado a lado, de pie y en el centro de los recintos, como si se tratara de portales gemelos hacia otro mundo? 

La “mini-edad de hielo” provocada por el cataclismo no solo propició un descenso de la temperatura en las zonas afectadas por la ola de frío, sino que también trajo sequías de larga duración en las regiones más allá de la extensión del hielo, incluyendo la desecación de manantiales, arroyos y fuentes de los ríos, así como la desaparición de animales de manada vistos como esenciales para la supervivencia de las sociedades de cazadores-recolectores del Paleolítico en todo el continente euroasiático.

Otra teoría estima que los llamados “swiderienses”, una avanzada sociedad de cazadores que utilizaban una tecnología única de herramientas de piedra; también fueron de los primeros mineros en cualquier parte del mundo, quienes -gracias a tener el control del comercio de obsidiana- se convirtieron, junto con sus descendientes, en una élite que probablemente dirigió la construcción de Göbekli Tepe, algo que de forma paralela llevó a la introducción de la ganadería y la agricultura en toda la región, marcando las primeras etapas de la revolución neolítica.

¿Primeros arquitectos y viviendas?

Hasta el momento los especialistas no han podido llegar a una conclusión tajante sobre la verdadera naturaleza del Göbekli Tepe o los motivos que orillaron a su construcción, pero varios de ellos, incluyendo a Klaus Schmidt, se han preguntado si las estructuras ahí encontradas podrían considerarse las primeras piezas arquitectónicas de la historia.

Se tiene plena conciencia de que el tiempo, la planificación y los recursos necesarios para construir tales estructuras solo serían posibles en una sociedad agraria establecida, pero los descubrimientos en Göbekli Tepe llevaron a Schmidt a teorizar lo contrario: que el deseo de construir obras arquitectónicas tan ambiciosas pudo haber sido el catalizador para el desarrollo de sociedades complejas y debidamente asentadas. El propio arqueólogo alemán argumenta que para construir Göbekli Tepe se necesitó del trabajo de cientos de personas, todas requiriendo alojamiento y comida. Si bien el descubrimiento de huesos de animales en el sitio sugiere que la reunión de cazadores todavía era una práctica común en ese momento, este método por sí solo no podría haber sostenido la fuerza de trabajo necesaria para construir un templo tan elaborado.

Por su parte, el también arqueólogo Ted Banning explicó que las estructuras domésticas y varios espacios fueron dedicados a conmemorar las hazañas de los antepasados, pregonar la historia de un linaje, honrar  la generosidad de un jefe, registrar iniciaciones u otros rituales basados en el hogar, pero -a diferencia de las interpretaciones de Schmidt- supuso que los edificios descubiertos pudieron haber sido viviendas no necesariamente destinadas para los dioses.

Asimismo, este especialista de la Universidad de Toronto muestra evidencias arqueológicas de actividades cotidianas en el lugar, tales como la talla de herramientas líticas y la preparación de alimentos, arguyendo que la población o las familias más numerosas se hospedaban en “grandes casas comunales”, lo cual podría proporcionar un ejemplo extremadamente temprano de lo que el antropólogo francés Claude Lévi-Strauss llamó “sociedades de casa”.

Al respecto, en el sitio web terraeantiqvae el historiador español Guillermo Caso de los Cobos publicó, en octubre del 2011, un estudio en el que intentó demostrar también que los supuestos templos de Göbleki Tepe pudieron ser viviendas.

El misterioso abandono

Durante un período de alrededor de 1,500 años, al menos veinte importantes recintos fueron construidos en el montículo ocupacional emergiendo gradualmente en Göbekli Tepe, pero misteriosamente todo este complejo de piedras, pilares y esculturas fue cubierto con tierra de forma deliberada sobre el 8,000 a.C., permaneciendo abandonado a los elementos por un espacio de 500 años. Viejos recintos fueron periódicamente retirados, desacralizados y cubiertos al final de su vida útil y nuevas estructuras ocuparon su lugar, pero con el paso del tiempo se volvieron cada vez más pequeños y más simples en su construcción, hasta que terminaron del tamaño de un jacuzzi familiar con pilares de no más de metro y medio de altura. De alguna manera, el mundo estaba cambiando y el impulso para la creación de gigantescos templos de piedra con altos monolitos ya no estaba allí.

Todo lo que quedó en Göbekli Tepe fue un enorme montículo con forma de vientre que se convirtió en una expresión ideal del hecho de que los recintos de piedra originalmente habían sido vistos no solo como portales estelares a otro mundo, sino también como cámaras similares a una matriz, donde las almas de los chamanes o incluso los espíritus de los muertos podían viajar a la fuente de la creación, que se encuentra en las proximidades de la constelación del Cisne… es un concepto vagamente reflejado en el nombre de Göbekli Tepe, que en turco significa «colina-como ombligo o «colina panzuda».


Las serpientes del Edén

Geólogos y expertos climáticos creen que Adán existió realmente; que el Antiguo Testamento contiene la guía que nos llevará hasta el Paraíso, y que en la parábola del pecado original hay un fondo de verdad, asumiendo -por tanto- que Göbekli Tepe fue el primer asentamiento humano después de que fuéramos expulsados del Edén.

Durante una de las tantas excavaciones en la zona se encontró una pequeña esteatita de cuatro centímetros de alto, la que parece ser una placa identificativa con dos símbolos grabados que aparecen en muchos mitos antiguos: un árbol y una serpiente.

Según los textos denominados “enochianos”, los principales actores detrás de la construcción de Göbekli Tepe y la revolución neolítica posterior se describen como pálidos y altos ángeles humanos llamados “Vigilantes”, quienes usaban abrigos de plumas y tenían rasgos faciales largos; en ocasiones se describen como serpientes y se piensa, de hecho, que uno de estos vigilantes fue el que engañó a Eva en el Jardín del Edén.


¿Sabías que…

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