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Ciudades inteligentes: ¿para quién están pensadas?

20 agosto, 2019.

Las ciudades tienen que brindar capacitación digital y crear conciencia para que cada habitante pueda comprender cómo se define una ciudad inteligente y las implicaciones que podría tener, como la sostenibilidad, la seguridad, los costos y la privacidad, por ejemplo.

Staff Digital Bricks (*)

Alrededor del 68% de la población mundial podría vivir en áreas urbanas para 2050 y es muy probable que las ciudades inteligentes formen parte de este futuro, prometiendo hacer nuestras vidas más cómodas, seguras y sostenibles.

En su mayoría, los participantes en los proyectos de ciudades inteligentes son políticos, consultores, académicos y empresas de tecnología; sin embargo, a menudo falta el grupo más importante de participantes: los ciudadanos comunes y corrientes que tendrán que vivir en estas ciudades transformadas.

En consecuencia, las estrategias y los proyectos se centran demasiado en la tecnología y no lo suficiente en los habitantes de las ciudades. Este tema ha surgido previamente en el mundo académico y se ha respondido con marcos y estándares como el Boston Smart City Playbook (Compendio de Ciudades Inteligentes de Boston) o los estándares para las smart cities de BSI.

No obstante, la investigación ha demostrado que todavía hay deficiencias y contradicciones con respecto a la verdadera centralidad de los habitantes. A la luz del hecho de que la centralidad de los habitantes y la participación ciudadana son factores decisivos para el éxito de cualquier transformación de una ciudad inteligente, se vuelve fundamental poner a los habitantes en primer lugar; de lo contrario, las ciudades podrían hacer grandes inversiones en servicios que su gente no usará ni deseará.

Si quienes toman las decisiones no cambian la trayectoria actual, veremos más protestas similares a las de Toronto. A saber, Sidewalk Labs, la compañía de innovación urbana de Alphabet (Google), anunció que iniciaría la construcción de una ciudad inteligente en Toronto en el 2020, pero los residentes manifestaron su preocupación  por la falta de respuestas sobre la  privacidad de los datos.

¿Cómo podría suceder esto?

El mercado de las ciudades inteligentes está creciendo rápidamente a un volumen previsto de 158 mil millones de dólares para 2022 y muchos grupos interesados esperan obtener ganancias de ello. Para las empresas de tecnología no solo es lucrativo desarrollar hardware y software sino también ofrecer servicios adicionales. Entre otras cosas, la mayoría de las ciudades no son capaces de manejar la afluencia de datos recién adquiridos e infieren ideas significativas o las monetizan, por lo que los gobiernos buscan ayuda del sector privado. Debido a la falta de personal de TI calificado, a menudo se contrata a terceros para que se ocupen de la ciberseguridad.

Debido a la popularidad de las ciudades inteligentes, los tomadores de decisiones políticas pueden usar estos proyectos para imponer una marca y al mismo tiempo estimular las inversiones. Lamentablemente, existe una gran brecha de conocimiento de tecnología en la política, el cual limita el desarrollo de estrategias razonables. La falta de conocimiento se compensa buscando la ayuda de terceros que pueden tener sus propias intenciones ocultas.

Centrarse en las personas

El Índice 2018 de Ciudades en Movimiento IESE (IESE, Cities in Motion Index) presentó una clasificación de las ciudades bien diseñada y demostró que la colaboración (entre residentes y administración, asociaciones público-privadas y entre ciudades, por ejemplo) es fundamental para el éxito, aunque no tuvo en cuenta ningún parámetro de centralidad del habitante y compromiso ciudadano al determinar su clasificación. ¿Pero cómo centrarse en las personas?

Toronto podría ser la primera ciudad digital de Google.

La ciudad de Montreal comprometió a sus ciudadanos mediante cuatro encuestas, reuniones y una línea telefónica dedicada para informar sus metas de ciudad inteligente y recopilar ideas. En total, la ciudad recopiló datos de encuestas cualitativas de 7,601 residentes, lo que equivale a menos del 0,0045% de la población de la ciudad. Es obvio que una parte no representativa de la población podría haber impactado la vida de todos los habitantes. Por lo tanto, se necesita una recopilación de datos más científicamente representativa; además, debe incentivarse y reunirse continuamente las opiniones y la generación de ideas de los ciudadanos, no solo en algunas etapas de los proyectos.

La línea telefónica dedicada de Montreal logró más de un millón de puntos de datos que revelaron los deseos y problemas de sus ciudadanos. Predominantemente incluían carreteras, parques, recolección de residuos o alumbrado público. Y mientras los expertos en tecnología discuten la inteligencia artificial, el análisis de datos, los sensores, la robótica o la cadena de bloques en el contexto de una ciudad inteligente, los habitantes parecen definirla con menos énfasis en la tecnología.

Ciudades como Estocolmo, Reikiavik, Ámsterdam y Copenhague tienen plataformas de sugerencias vinculadas en su sitio web u ofrecen aplicaciones a través de las cuales los habitantes pueden proporcionar información sobre la infraestructura y el entorno de la ciudad; sin embargo, estas herramientas de comunicación tienden a excluir a las personas sin conocimientos digitales como los ancianos o simplemente los habitantes menos informados, lo que también resulta en un sesgo.

Por lo tanto, también hacen falta visitas domiciliarias y puntos de contacto fuera de línea dedicados que se comuniquen en los periódicos locales y por cartas. Los ciudadanos también deberían tener acceso continuo y en línea a un sistema de votación para la selección y financiamiento de las propuestas de proyectos.

Para cerrar la brecha de conocimiento tecnológico en los comités directivos, los gobiernos también deberían invertir en personal de tiempo completo que pueda iniciar y gestionar los proyectos de ciudades inteligentes. Tal equipo multidisciplinario dependería menos de consultores externos y socios corporativos, lo que permitiría un diálogo más cercano y menos sesgado con los habitantes.

Proyectos democráticos

Los tomadores de decisiones de los proyectos de ciudades inteligentes deben realizar encuestas exhaustivas, grupos focales y entrevistas, deben tener un centro de innovación abierta tanto en línea como fuera de línea con un sistema de votación democrático y transparente. Los proyectos que reciben altos índices de aprobación y que los expertos consideran factibles deben desarrollarse conjuntamente con un circuito cerrado de opiniones del público; además, la comunicación debe ser transparente y el comité directivo interdisciplinario debe ser accesible.

Las ciudades tienen que brindar capacitación digital y crear conciencia para que cada habitante pueda comprender cómo se define una ciudad inteligente y las implicaciones que podría tener, como la sostenibilidad, la seguridad, los costos y la privacidad, por ejemplo. Los socios comerciales deben seleccionarse de manera transparente, no solo tomando en consideración el precio sino también el uso de datos, la seguridad, el mantenimiento y la sostenibilidad junto con otros indicadores.

En última instancia, las ciudades se construyen para varias generaciones y no para satisfacer los intereses comerciales de empresas o políticos ambiciosos que desean dejar su huella. Para cumplir la promesa de un futuro urbano brillante, los habitantes deben ser lo primero.

(*) Artículo publicado en 
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