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La mujer que entendía más a los edificios que a las personas

2 abril, 2019.

María Luisa Dehesa Gómez Farías, la primera arquitecta titulada de México y Latinoamérica, cambió la concepción que se tenía de la vivienda en nuestro país y fue inspiración para quienes se atrevieron a hacer lo que les gustaba, sin importarles la crítica o los obstáculos sociales.

Staff Digital Bricks

Nació un 30 de junio de 1912 en Xalapa-Enríquez, la capital del estado mexicano de Veracruz, Siendo la mayor de cuatro hermanas, María Luisa Dehesa Gómez Farías adoptó toda clase de responsabilidades: en alguna ocasión su padre le dijo que, por el simple hecho de ser la primogénita, debía comportarse como “el hombre de la casa” y, por tanto, ella tuvo que aprender a montar a pelo, usar un revólver y a trabajar con el ganado.

Las anteriores, ciertamente, eran complicadas tareas para una joven provinciana, hija de Benito Gómez Farías, ministro de México en Londres a principios del siglo pasado, nieta del gobernador porfirista de Veracruz, Teodoro Dehesa, y bisnieta de Valentín Gómez Farías, por lo que sufrió las presiones de la clase social alta y de las familias de alcurnia política, las que no aprobaban del todo el que una mujer asumiera las faenas reservadas para los hombres

Pero dichas presiones parecían no perturbar a una pequeña cuyo espíritu indomable y aventurero era avivado cada noche, cuando María Luisa –antes de dormir- leía con avidez las historietas de Tarzán y de Buffalo Bill.

Ella creció brincando en la paja, imaginándose la versión femenina de su héroe protector de los indios, y para imitarlo se golpeaba las manos contra las rudas cortezas de los árboles a fin de desarrollar callos y parecerse a un explorador.

A los ocho años, esta niña de ojos azules dibujaba entre las hojas de los cuadernos de su padre y a los 12 comenzó a mostrar un talento particular para los razonamientos matemáticos. En plena adolescencia manifestó un amor por el arte, inclinación que su madre aprovechó para sugerirle estudiar arquitectura, aun sabiendo la complicaciones que ello representaba.

Educada en la cultura tradicional de sus antepasados, a temprana edad pudo atestiguar la gran opresión social existente en México, aunque dicha comprensión de la realidad del país jugó un papel decisivo en su lucha contra la pobreza, la injusticia y la discriminación de la mujer.

Es un hecho que las mujeres de aquella época solo aspiraban al confesionario, a la cocina o al quehacer del hogar, pero María Luisa, a los 21 años de edad e intuyendo que los buenos tiempos llegarían después de la Revolución, ingresó finalmente a la carrera de arquitectura que se impartía en la Academia de San Carlos de la entonces llamada Universidad Nacional de México. La matrícula en ese año (1933) fue de 113 alumnos, de los cuales solo cinco eran mujeres.

Comienza la aventura

Hace poco menos de un año, Alder Hugo Corona Amador, arquitecto y colaborador de culturacolectiva.com, escribió un interesante artículo con algunas de las vivencias de María Luisa Dehesa Gómez Farías, y atinadamente empezó con el título de la película “La ilusión viaja en tranvía” para explicar que todos los días una joven soñadora realizaba un trayecto desde Coyoacán (donde rentaba un minúsculo cuarto de azotea) hasta el centro de una ciudad casi sin coches y muchos tranvías; en una época en que se construyó la Torre Latinoamericana, el primer rascacielos de la entonces reposada metrópoli… Era “una ciudad que la asfixiaba, que la desconocía y en la que, por momentos, la hacía sentirse intrusa”.

En su libro autobiográfico, la arquitecta habla de su niñez, del amor que sentía por sus padres, por sus semejantes y por la vida del campo; describe además sus esperanzas y triunfos, sin olvidar los desafíos que se le iban presentando en su papel de estudiante, como el hecho de ser apartada de los varones en los talleres de dibujo de la Universidad.

En los muros de la Academia de San Carlos aprendió a fortalecer sus capacidades; comprendió la dureza de la instrucción y supo que habría que lidiar con los prejuicios. Su salón era prolongado hacia el fondo y lo compartía con otras cuatro mujeres. Cada mañana María Luisa ordenaba sus utensilios y los colocaba sobre uno de los tantos restiradores colocados a los costados, mientras en los pasillos decenas de muchachos murmuraban y se reían de ella y de sus compañeras.

Los mismos profesores apenas volteaban a verla de reojo y se saltaban su lugar cuando había que pedir la participación de los estudiantes; de hecho, ella destacó en varias ocasiones una singular anécdota: al acabar una clase se acercó al profesor para reclamarle: “¿Por qué nunca me pregunta a mí?”, quien le respondió: «A usted solo le puedo preguntar sobre cómo hacer una sopa de fideos».

La contestación no fue la idónea para una joven valiente y tenaz que creció en una familia donde las mujeres eran tratadas sin discriminación, así que -con una sonrisa de orgullo y sin producir sonido alguno- María Luisa “elegantemente” mandó al diablo a su profesor.

En 1937 presentó su tesis de licenciatura a la que tituló “Cuartel de artillería tipo”, procurando que este trabajo fuera lo menos femenino posible y proponiendo la proyección de un cuartel militar con viviendas familiares para que los soldados pudieran vivir en compañía de su familia, disminuyendo paralelamente el abandono y el alto índice de criminalidad entre los hijos de los oficiales que debían permanecer acuartelados por largos periodos en barracas.

Con este último proyecto académico cambió la concepción que se tenía de la vivienda en México; obtuvo mención honorifica y terminó convirtiéndose en la primera mujer con el título de Arquitecta no solo de nuestro país sino de toda Latinoamérica

María Luisa Dehesa rompió la tradición de que esos ‘sagrados despachos’ eran un espacio reservado nada más para los hombres.

En el ámbito profesional

Podría pensarse que el final de su formación académica significaría también el comienzo de un periodo más halagüeño para María Luisa, pero no fue así: al concluir su carrera de arquitecto tuvo que enfrentarse nuevamente al mundo de los hombres, sobre todo compitiendo con aquellos que monopolizaban el poder y que tenían el privilegio de tomar las decisiones más importantes en la política nacional.

A pesar de las circunstancias, durante el transcurso de su carrera profesional construyó viviendas, ya fueran edificios de departamentos o casas habitación, y pudo trabajar en los terrenos de la Defensa Nacional (algo que por primera vez se vivió en la historia de México); en 1953 se desempeñó como asesora técnica del Director de Pensiones (hoy ISSSTE) y como Jefa de Conservación de los multifamiliares Juárez y Alemán.

Poco después ocupó diferentes jefaturas dentro de la Secretaría de Obras Públicas, dependencia en la que laboró por más de 33 años, llegando incluso a la Dirección; asimismo fue Directora de la Unión Internacional Femenina de Arquitectos y fundadora de la Federación de Universitarias Mexicanas

Debido a sus conceptos y diseños arquitectónicos, la voz de María Luisa se escuchó en la ONU; fue premiada por diversas instituciones y universidades; viajó por muchos países representado a nuestro país en importantes congresos y conferencias. Se casó con el también arquitecto Manuel Millán, con quien tuvo cuatro hijos, y falleció el 11 de marzo de 2009 en la casa que ella misma diseñó en la Colonia del Valle de la Ciudad de México.

¿ Sabías que..?

  • María Luisa Dehesa Gómez Farías se sentaba en ocasiones frente a la chimenea de su casa para estudiar sobre la historia de México y escribir cuentos de seres inanimados, y es que las personas le parecían muy complicadas, por lo que no podía mantenerse conversaciones interesantes con ellas; de hecho, ella siempre aseguró que en su vida había entendido mejor a los edificios que a los seres humanos.
  • Antes de finalizar sus estudios se desempeñó como maestra de escuelas secundarias y dibujante en despachos de arquitectos.
  • En los primeros años de la Revolución, cuando villistas, zapatistas y carrancistas combatían entre sí, su madre la escondía cubriéndole con carbón el rostro pálido de refinados rasgos.
  • La Real Academia de San Carlos fue fundada el 25 de diciembre de 1783 para impartir primeramente las materias de Arquitectura, Pintura y Escultura. Como formadora, bajo unos criterios clásicos y severos, tuvo un rompimiento radical en la segunda década del siglo XX, cuando el arquitecto Antonio Rivas Mercado fue destituido como director luego de una huelga promovida por el artista Gerardo Murillo conocido mejor como “Dr. Atl”, quien estaba en contra de los modelos que obstaculizaban la enseñanza.
  • Al terminar la carreara de arquitecta conoció a Ruth Rivera, una estudiante de ingeniería del Instituto Politécnico Nacional, con quien viajó a Nueva York ocultando algunos billetes en tubos de pasta de dientes para evitarse problemas en el aeropuerto.
  • A los 89 años de edad fue víctima de un asalto a mano armada en su residencia, tras el cual se fracturó la cadera y perdió la agilidad pero no la lucidez.
  • Sus últimos años los pasó asistiendo a clases de pintura, leyendo el periódico, escuchando canciones de Agustín Lara, disfrutando novelas de suspenso y viendo series policíacas de televisión… y no quería que Andrés Manuel López Obrador fuera presidente.
  • El Colegio de Arquitectos de Jalapa, Veracruz, otorga un reconocimiento anual que lleva el nombre de “María Luisa Dehesa y Gómez Farías”
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