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Chips en los empleados, ¿qué tan viables son?

2 enero, 2019.

En la medida que avanzamos en el proceso de innovación, son cada vez factibles que las personas sean monitoreadas por agentes diminutos insertados en nuestro cuerpo. La empresa norteamericana Three Square Market ya cuenta sus primeros casos de éxito.

Staff Digital Bricks (*)

En agosto del año pasado, Patrick McMullan, presidente de Three Square Market, una compañía norteamericana de tecnología que ofrece quioscos de autoservicio para hospitales, hoteles y salas de descanso de empresas, se ofreció como voluntario para que le inyectaran un chip en su mano.

La idea surgió a principios de 2017, comenta, cuando estaba en un viaje de negocios en Suecia, donde algunas personas llevan microchips subcutáneos para, por ejemplo, entrar en algunos edificios o reservar boletos de tren; es, de hecho, uno de los pocos lugares donde han despegado de alguna manera los implantes de chips, aunque esta iniciativa ha existido desde hace ya bastante tiempo.

El chip que McMullan y algunos de sus empleados se implantaron es del tamaño de un grano de arroz, y su objetivo es “facilitar un poco las cosas”, como por ejemplo entrar en la oficina, iniciar sesión en las computadoras o comprar alimentos y bebidas en la cafetería de la empresa. Al igual que muchos chips RFID, son pasivos: no cuentan con baterías y obtienen su energía de un lector de RFID cuando solicita datos del chip (el de este empresario incluye información de identificación para otorgarle acceso al edificio, así como algunos datos médicos básicos).

Patrick McMullan.
Patrick McMullan.

Un año después de su experimento, McMullan y los empleados que accedieron al implante dicen que todavía usan su chip regularmente en el trabajo para todas las actividades con las que comenzaron el verano pasado. Desde entonces, 30 personas adicionales han obtenido su chip, lo cual significa que aproximadamente 80 de los 250 empleados de la empresa (casi un tercio) “son como un cyborg que camina y habla”, confesó el directivo, y aclaró que solo a dos empleados les han quitado su chip, y fue porque dejaron de laborar en Three Square Market.

Un ingeniero de software, Sam Bengtson, afirma que usa su chip de diez a 15 veces al día: “Deslizar mi mano sobre un lector de RFID conectado a mi computadora no es distinto a escribir la contraseña en un teclado”, explica.

Por su parte, el vicepresidente de Finanzas, Steve Kassekert, está tan acostumbrado a usar su mano para pagar refrescos en el trabajo que se enfadó cuando el lector de RFID en la máquina expendedora se estropeó unos meses atrás: “Simplemente se convirtió en una parte importante de mi rutina”, aseguró.

La compañía también está explorando algunas formas de usar microchips fuera del cuerpo. McMullan comenta que en agosto y septiembre realizaron pruebas en dos hospitales, uno en Fort Wayne, Indiana, y otro en Hudson, Wisconsin (ambos en Estados Unidos) que verificaran cuándo los médicos y las enfermeras se lavan las manos. Se presume que estos empleados utilizarán brazaletes con un chip incorporado que, al escanearlo en un lector de RFID, abrirá el grifo, lo cual es algo que ya se había probado anteriormente.

¿Y qué hay de la seguridad?

El profesor asociado de Ciencias de la Salud Pública de la Universidad de California, Davis Nick Anderson, afirma que la privacidad y la seguridad de cualquier información almacenada en uno de estos dispositivos generan una preocupación evidente. Los datos recopilados por los lectores son capaces de ofrecer muchos detalles sobre las idas y venidas de los empleados, y alguien -en teoría- podría escanear un chip con un lector para averiguar lo que hay en él.

McMullan sostiene que solo parte de la información almacenada en el chip de su mano está encriptada, pero argumenta que también le podrían robar de su cartera la información personal similar.

Por otro lado, existe la posibilidad de que la tecnología que se encuentra dentro de los cuerpos de los empleados quede obsoleta. Sam Bengtson se manifestó preocupado porque tiene la certeza de que esto sucederá en algún momento, así que se necesitaría de un programa de actualización o algo parecido.

(*) Con información de TyN Magazine publicada el 19/11/2018

 (www.tynmagazine.com).

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