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Los relojes cucú de Guido Zimmerman, un tributo al brutalismo arquitectónico

3 julio, 2018.

Los relojes cucú de Guido Zimmerman, un tributo al brutalismo arquitectónico

Staff Digital Bricks (*)

El artista multidisciplinario de origen alemán, Guido Zimmermann, ha reinterpretado el emblemático reloj cucú germánico con ejemplos de la arquitectura moderna, argumentando que, “si bien este tipo de relojes representan la prosperidad de la clase media y cuentan como una especie de lujo para el hogar formal, la versión actualizada como construcción de panel muestra la vida urbana y social de hoy en bloques de apartamentos”.

Zimmermann estudió en la Academia de Artes Visuales de su ciudad natal, Frankfurt, donde actualmente vive y trabaja, y recurrió a ejemplos específicos de la arquitectura moderna para crear sus esculturales “Cuckoo Blocks”, emulando por ejemplo la Casa Glenkerry del arquitecto brutalista Ernő Goldfinger, así como el hotel Flaine de Bauhaus Marcel Breuer, donde las rejillas de las ventanas sobresalen de superficies planas de concreto, con detalles contemporáneos como antenas parabólicas y plantas domésticas de cactus.

Los relojes cucú de Guido Zimmerman, un tributo al brutalismo arquitectónicoLos relojes cucú de Guido Zimmerman, un tributo al brutalismo arquitectónico

Casa Glenkerry de Ernő Goldfinger.

Los relojes cucú de Guido Zimmerman, un tributo al brutalismo arquitectónicoLos relojes cucú de Guido Zimmerman, un tributo al brutalismo arquitectónico

Hotel Flaine de Bauhaus Marcel Breuer.

La arquitectura brutalista

En sus principios, esta corriente arquitectónica estaba inspirada por el finlandés Eero Saarinen, y particularmente  por el trabajo de Le Corbusier; de hecho, el término proviene del francés béton brut (concreto crudo) y fue utilizado por el afamado arquitecto suizo como material básico en gran parte de sus obras.

Por su parte, el crítico de arquitectura británico Reyner Banham adaptó el término y lo renombró como “brutalismo” o brutalism en inglés, quien pretendía designar a arquitectos de nueva casta, jóvenes y ambiciosos que -mientras construían una utopía socialista de la posguerra- desafiaron lo que consideraban el modernismo burgués y fantasioso de los años treinta.​

Justamente después de la Segunda Guerra Mundial, Le Corbusier decidió volcarse en una arquitectura social, creando edificios públicos y viviendas para la clase obrera, lo cual terminó convirtiéndose en una inercia que coincidió con la reconstrucción radical de centros urbanos en todo el mundo, donde las autopistas, pasos a desnivel de concreto y la burda reurbanización comercial iban fuertemente de la mano.

Los relojes cucú de Guido Zimmerman, un tributo al brutalismo arquitectónico

El Unité d’ Habitation marcó el inicio del brutalismo (Le Corbusier / 1947).

La cuestión estética y la semejanza con algunas fortificaciones utilizadas durante la última beligerancia global fueron tal vez los mayores focos para que la crítica arquitectónica se ensañara con las creaciones brutalistas. Como mera referencia, el Príncipe de Gales describió al centro comercial Tricorn, en Portsmouth, como “un bulto enmohecido de excrementos de elefante”. Junto con otras tantas obras similares, como la Hayward Gallery de Londres y el edificio de Leyes de la Universidad de Pittsburgh, el Tricorn Centre también debe algo a los emplazamientos de artillería nazi construidos a lo largo de la costa atlántica de Francia.

 

Y similar suerte corrieron los bloques de viviendas construidos bajo esta corriente, pues eran considerados por los más recalcitrantes críticos como “monstruosidades de concreto, deshumanizantes, frías y húmedas”. Pero pareciera que la crítica siempre encuentra periodos de reconciliación o de reconocimiento histórico, pues a principios de los noventa el brutalismo comenzó a ganarse la estima de quienes antes quisieron desacreditarlo, un fenómeno que también vivieron movimientos como el barroco y el gótico, aunque sea difícil de creer.

Los relojes cucú de Guido Zimmerman, un tributo al brutalismo arquitectónico

Estacionamiento del Tricorn Shopping Centre en Portsmouth, demolido en 2004

Los edificios brutalistas están formados normalmente por geometrías angulares repetitivas, y a menudo permanecen las texturas de los moldes de madera empleados para dar forma al material, que normalmente es hormigón. Pero no todos los edificios de esta corriente fueron hechos utilizando concreto crudo; esto quiere decir que a un edificio puede considerársele brutalista por el simple hecho de tener una apariencia áspera o si sus materiales estructurales se aprecian desde el exterior (ejemplos de ello son las casas de Alison y Peter Smithson, las que fueron hechas con ladrillos, y hay además otras obras construidas con materiales de textura áspera, incluyendo cristal, acero, piedra y gavión).

Aparte de las formas geométricas anguladas y dinámicas, este estilo presenta una arquitectura masiva, monolítica y con apariencia de bloques; incluye texturas rugosas, rusticas y de una honestidad constructiva peculiar que expone a primera vista todas las instalaciones auxiliares, como son las tuberías de agua o los ductos de ventilación, entre otras.

El Centre Pompidou, por ejemplo, es un centro investigación musical y acústica, además de biblioteca, el cual se encuentra en Paris, Francia; está diseñado por los arquitectos Richard Rogers y Renzo Piano, quienes lo construyeron en cristal y metal, pero se considera brutalista porque tiene todas las instalaciones de servicio hacia el exterior.

El concreto en bruto, sin embargo, fue un común denominador para la arquitectura monumental brutalista, pues se trata de un material de bajo costo, poco pretencioso, utilitario, “democrático y moderno”, aparte de tener altas posibilidades técnicas, por lo que el rescate de esta corriente está volviendo a ganar muchos adeptos.

Los relojes cucú de Guido Zimmerman, un tributo al brutalismo arquitectónicoUna buena referencia

Cabe mencionar que a finales del 2017 Peter Chadwick, un director de arte y diseñador gráfico inglés, publicó en Chile su libro “Un mundo brutal”; se trata un cuidado volumen de gran formato con imágenes y descripciones de edificios de todo el mundo, que incluyen a lugares tan disímiles como Azerbaiyán, Alemania, Corea del Sur y Chile, representado por algunas espectaculares construcciones.

Lo más curioso es que esta obra comenzó en 2014 como una cuenta de Twitter (@BrutalHouse), donde el autor compartió un centenar de imágenes de su archivo personal relacionadas con la arquitectura brutalista alrededor del mundo y particularmente de Europa, Brasil y Estados Unidos, mostrándola como una solución popular para construir centros comerciales, campus universitarios, edificios oficiales y viviendas de bajo costo.

Según Chadwick, a los arquitectos que suscribieron este estilo los atrajo la “honestidad” de los materiales, las posibilidades escultóricas, la modernidad incontestable y las intenciones socialmente progresistas en un clima de declive económico y de inestabilidad política, a los que se suman las largas décadas de reconstrucción durante la posguerra europea.

Entre los trabajos más emblemáticos de este estilo figuran: la Abadía de Saint John en Estados Unidos (Breuer), la Unité d’Habitation en Francia (Le Corbusier), la Asamblea Nacional de Bangladés (Kahn) y el edificio de la Facultad de Arte y Arquitectura de Yale (Rudolph).

Los relojes cucú de Guido Zimmerman, un tributo al brutalismo arquitectónico

Abadía de Saint John.

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Asamblea Nacional de Bangladés.

Los relojes cucú de Guido Zimmerman, un tributo al brutalismo arquitectónico

Facultad de Arte y Arquitectura de Yale.

Peter Chadwick, además, le está rindiendo homenaje a algunos de los mejores arquitectos contemporáneos del mundo y cuya obra puede ubicarse en la tradición brutalista, como Zaha Hadid, Jean Nouvel y Steve Hall.

(*) Con información de Laura Staugaitiswww.thisiscolossal.com

También en México

Los relojes cucú de Guido Zimmerman, un tributo al brutalismo arquitectónico

Edificio Palmas 555 de Juan Sordo Madaleno y Cía.

En Latinoamérica encontramos ejemplos de esta arquitectura, que tuvo su mayor auge durante las décadas de los 60s, 70s y parte de los 80s, sobre todo en Argentina, Chile y Brasil.

En nuestro país, una clara representación de esta corriente arquitectónica es el edificio Palmas 555, ubicado en la colonia Lomas de Chapultepec de la Ciudad de México, el cual fue construido en 1975 por Juan Sordo Madaleno y Cía. La edificación tiene un primer piso de uso comercial y nueve pisos de oficinas con una evidente irregularidad en sus niveles, lo que le otorga una característica única.

También destacan las instalaciones del Centro de Innovación y Transferencia y Salud del Tecnológico de Monterrey, solo por mencionar algunos ejemplos.

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