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La habilidad de emprender ‘sin ladrillos’

9 enero, 2018.

“Si te brillan los ojos cuando piensas en un proyecto, ese es el momento adecuado para comenzar a emprender (…) Yo siempre recomiendo que, sea cual sea el negocio, debe ser algo que te motive y te haga sentir pasión cuando pienses en él”: Dídac Lee

La habilidad de emprender ‘sin ladrillos’

Por Ricardo García F. (*)

Por alguna razón, los emprendedores más exitosos son también los empresarios más ricos del mundo. Por su parte, algunas de las más grandes firmas trasnacionales, incluyendo bancos, empresas de tecnología y hasta equipos profesionales de futbol, han basado su éxito en la adecuada aplicación de un plan de negocios. Hoy, sin embargo, nos centraremos particularmente en las llamadas “empresas sin ladrillos” o dot-com, las que se han convertido en un claro ejemplo de cómo emprender sin apostarle todas nuestras canicas a alguna idea genial.

Los hombres de éxito versus los fracasados, los que sobresalen y los conformistas, los que buscan la gloria y los que viven en la intrascendencia…, así podríamos enlistar un sinnúmero de opuestos para intuir erróneamente que los primeros de cada una de estas duplas son los superdotados o los que tuvieron todo tipo de oportunidades en comparación con los segundos, quienes encubiertos en el miedo, en la inseguridad, en la falta de apoyo o de las condiciones propicias siempre anteponen miles de pretextos para no salir adelante o al menos para evitar ser del montón.

En el ámbito deportivo, a aquéllos que de nacimiento tuvieron la fortuna de recibir un plus (más altura, fuerza, velocidad, etcétera) se les podría llamar “superdotados”, aunque histórica y científicamente se ha comprobado que la constancia, el entrenamiento y la dedicación pueden más que las concesiones innatas. Pero lejos de este terreno (donde indudablemente las divisas genéticas están mejor correspondidas) es difícil encontrar actividades o disciplinas en las que el éxito no dependa más que de la convicción de ser los mejores o de hacer hasta lo imposible para llegar a serlo.

Aunque pueden ayudar al cambio de actitud, todos esos aleccionamientos, frases rimbombantes y discursos motivacionales no dejan de ser repetitivos y muchas veces no encuentran eco ni en quien los pregona; son más bien resultado de las circunstancias o caprichos del destino. Dentro de toda esta verborrea, que a lo sumo solo incrementa nuestro vocabulario para propiciar posibles controversias, existe un término para catalogar a los hombres que han logrado el éxito en sus negocios: “emprendedores”.

Si nos ponemos exigentes y le hacemos caso a la gramática, llamar a alguien emprendedor por algo que ya hizo no es correcto, pues la palabra -en sí- tiene una connotación a priori y define solo a los que están por hacer algo. Ambicioso, afanoso y dispuesto son algunos de los sinónimos para este concepto, mientras que la Real Academia de la Lengua Española se refiere a un calificativo en particular: “Alguien que emprende con resolución acciones dificultosas o azarosas”.

¿Y qué es emprender? Además de “prender fuego”, significa coloquialmente acometer a alguien para importunarlo, reprenderlo o reñir con él, pero a nosotros nos interesa más la poética acepción que -a fuerza de voluntad- relacionamos con el ámbito empresarial, y esta es: “Acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro”, o también puede entenderse como “tomar el camino con la resolución de llegar a un punto”.

¿Nacemos o nos hacemos?

Al preguntarnos si un emprendedor nace o se hace, tal vez una respuesta del simple sentido común podría evitar muchos dolores de cabeza, pues si fuese un asunto genético nos permitiría fácilmente delimitar los extremos entre los superdotados y los que no lo son, pero si nos remitiéramos simplemente al aspecto de “hacer para llegar a ser”, de seguro los mejores argumentos saltarían a la vista.

Guillermo Ramírez, colaborador del portal emprendedor.com, considera que esta pregunta es trivial y genera polémicas inútiles: “Pienso que el emprendedor generalmente es accidental. Cuando somos empleados, todos cargamos el noble deseo de independizarnos algún día y tener la libertad de manejar nuestro propio negocio, pero normalmente nos ‘independizan’ más pronto de lo que pensamos y terminamos creando nuestros negocios a la mala (…) el oficio de ser empresario o de hacer empresa es una ocupación artesanal en la que se requiere mezclar la pasión irreflexiva con la sabiduría cotidiana”, dice.

Bien que mal, la fórmula en la que se mezcla la pasión con la sabiduría (llamémosle también experiencia) ha rendido sus frutos al menos en lo que se refiere a la creación de empresas virtuales, esas que empezaron con la fiebre del dot-com y que ahora ostentan una simple “e” para definir sus operaciones sin ladrillos.

Con la imposibilidad de invertir grandes capitales en inmuebles, instalaciones, personal, etc., Internet y el comercio electrónico son, en suma, los más claros ejemplos de lo que debe y puede aprovechar un emprendedor, un visionario que le apuesta todo o casi todo a sus conocimientos e intuiciones, tal y como lo describe Dídac Lee, quien a mediados de la década pasada recibió varios reconocimientos como “el emprendedor más joven del año”.

La habilidad de emprender ‘sin ladrillos’

Dídac Lee

Los aportes de este emblemático empresario en los terrenos de la tecnología y los negocios han repercutido a nivel global por más de tres décadas, particularmente cuando se habla de crear empresas dot-com y startups.

En cada oportunidad que se le presenta, Lee recuerda que comenzó su exitosa cadena de éxitos sin dinero, sin conocimientos, contactos, sin formación ni apoyo familiar; de hecho, dio inicio a su carrera de informática con la cognciencia de que eso no era lo suyo, aceptando incluso su adolescente ilusión de ser futbolista o inventor.

El sueño de jugar futbol profesionalmente no se hizo realidad, pero podría decirse que su pasión por la tecnología acercó a Dídac Lee a este deporte; es más, hoy forma parte de la Junta Directiva del Club de Futbol Barcelona y es el máximo responsable de las nuevas aplicaciones informáticas, de las tecnologías online y de las redes sociales de esta institución, a la que ha llevado -desde 2014- a ser número uno en el ámbito digital y no solo en términos de seguidores.

Este equipo deportivo maneja Facebook y Twitter en seis diferentes idiomas y llega de manera directa a 216 países; además, un reciente estudio de Apple Tree Communications ubicó al Barça como la marca más valorada por los usuarios, incluso por encima de Coca-Cola o Apple; es también el primer club en el mundo que supera los 100 millones de seguidores en las redes sociales, y el reto de Lee, declaró hace unos meses, es convertirlos a todos en clientes y desarrollar productos a su medida, “pues al final las redes sociales, como en todo, deben tener un ROI”.

La habilidad de emprender ‘sin ladrillos’La cifra anterior cobra mayor relevancia si se considera que son alrededor de 111 millones las personas las que ven el Superbowl, según estimaciones del Washington Post, lo cual nos permite calcular que el Retorno de Inversión (ROI) de las redes sociales del Club Barcelona está prácticamente garantizado.

Es momento de emprender

Durante una entrevista publicada hace algunos ayeres, Dídac Lee expresó una contundente frase para quienes tienen en mente la idea de iniciar una empresa o un negocio: “Si te brillan los ojos cuando piensas en un proyecto, ese es el momento adecuado para comenzar a emprender”.

Aunque se está refiriendo a ideas geniales, está consciente de que no es fácil echar a volar la imaginación cuando se trata de invertir o arriesgar el presupuesto; asegura también que las empresas que nacen virtuales pueden crecer en todos los sentidos, pero para todo hay lineamientos: “Si quieres abrir un negocio mañana mismo, he aquí una regla muy fácil: mira lo que está triunfando en Internet en Estados Unidos y comprueba si existe algo similar en tu país y en tu lengua (…) Lo que no aconsejaría nunca es que un proyecto no naciera global; es decir, si tienes una idea innovadora no la pongas en marcha solo en tu espacio de acción; hazlo en todo el mundo, porque si un producto es bueno para una empresa de Tarragona debe serlo también para una de Pekín”, aseguró.

Las startups fundadas por Dídac son efectivamente de carácter global; se trata de proyectos relacionados sobre todo con Internet, en los que la innovación, la tecnología, el diseño y/o desarrollo web son el denominador común, y solo a manera de ejemplo destacan las empresas IntercomGi (1995), Spamina, Inspirit (una aceleradora de negocios emergentes apoyados en la tecnología) y Atraczion, cuyas operaciones abarcan los mercados de Barcelona, Madrid, Buenos Aires, Brasil, México, China y Silicon Valley.

“Yo siempre recomiendo que, sea cual sea el negocio, este debe ser algo que te motive, que te haga brillar los ojos y te haga sentir pasión cuando pienses en él; con ello -y con un modelo de negocio correcto- cada proyecto puede llegar a ser exitoso (…) de todas formas, siempre hay algo que tengo muy en claro: me quiero levantar cada día con la sensación de que hay un proyecto motivador esperándome”, subraya.

De ascendencia china pero nacido en Figueres, una pequeña ciudad ubicada al norte de la provincia de Gerona, Cataluña (conocida especialmente por ser el lugar de nacimiento de Salvador Dalí), Dídac Lee se considera un creativo, visionario y caótico: “Creo que el modelo correcto es el híbrido: ni nada de formación ni únicamente formación teórica”.

¿Te sientes emprendedor?

Existen muchos casos como el de Lee, además de publicaciones de management o de cómo convertirse en emprendedor, pero la realidad es que no hay fórmulas mágicas para ello, como tampoco hay –hasta ahora- una tecnología que pueda desplazar a la sensibilidad o a la imaginación humana para crear empresas o proyectos exitosos.

“Si me comparo con personalidades como el creador de Facebook, por ejemplo, podríamos decir que no soy un hombre de éxito, pero si alguien se apasiona con lo que hace e incondicionalmente le invierte su capacidad y vocación a eso que hace, entonces puede considerársele exitoso”, argumentó el especialista.

Concluyendo, emprender siempre implica comenzar algo, y para eso todos estamos dotados, sin importar que carezcamos del prefijo “súper”. Proyectar negocios con un brillo en los ojos -como asegura Lee- es un buen inicio, pero a eso hay que sumarle nuestra experiencia y conocimientos para lograr la continuidad, pues los proyectos inconclusos suelen convertirse en simples bromas pesadas y los que nunca comienzan son meras fantasías.

(*) El autor es responsable de Comunicación y Relaciones Públicas en Grupo NYM (prensa@gruponym.mx)

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