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Un ‘tsunami tecnológico’ nos acecha

16 octubre, 2017.

La llegada de una cuarta Revolución Industrial” estará definida por un evidente cambio a nivel de logística y de la cadena de suministros debido a la creciente robotización de los almacenes y a la entrega de productos mediante el uso de drones, y qué decir de la digitalización y la impresión en 3D, tecnologías que impactarán específicamente en los procesos productivos y en los mercados laborales.

Por Ricardo García F. (*)

En una de sus obras emblemáticas, titulada Revolución en el tiempo, David Landes aseguraba a principios de los años 80 que el reloj no solo era un medio para seguir la marcha de las horas sino para sincronizar las acciones humanas, por lo que, a su parecer, fue el invento vital de la industria moderna, cuya importancia rebasó incluso a la máquina de vapor y al ferrocarril.

Este historiador económico nacido en Estados Unidos también afirma que existen por lo menos tres acepciones o modos en cuanto al uso del término “revolución industrial”: 1) El que hace referencia al conjunto de innovaciones tecnológicas que sustituyen la habilidad humana por maquinaria, así como la fuerza animal por energía; 2) El que se utiliza para remarcar un cambio tecnológico rápido e importante en algún periodo histórico determinado o como secuencia de innovaciones específicas, y 3) El que se refiere en particular al cambio iniciado en Inglaterra a mediados del siglo XVIII, donde se pasa de una producción agraria y artesanal a otra mecanizada o industrial.

La definición exacta del término “revolución industrial” aún es materia de discusiones porque son incontables los inventos que han impactado fehacientemente en nuestra forma de vida, pero al menos existe el consenso de que la fuerza hidráulica, la aparición del telar mecánico y la invención de la máquina de vapor significaron una mudanza radical en la manera de trabajar y repercutieron en el plano económico, social y político de aquel siglo, posicionando al capitalismo como sistema económico y convirtiendo al dinero en motor fundamental de la economía, además de que la burguesía y a la clase obrera se erigieron como los sectores sociales de mayor injerencia.

La Segunda Revolución Industrial se produjo aproximadamente entre 1870 y el comienzo de la Primera Guerra Mundial, donde las innovaciones tecnológicas siguieron ocupando una posición neurálgica junto con los cambios organizacionales ocurridos en las empresas y mercados. Aquí las invenciones técnicas estuvieron concentradas esencialmente en nuevas fuentes de energía como el gas, la electricidad y el petróleo.

Un ‘tsunami tecnológico’ nos acechaAsimismo, comenzaron a utilizarse nuevos materiales y sistemas de transporte (como el avión y el automóvil) o de comunicación (el teléfono y la radio), procesos todos ellos que se produjeron en el marco de la denominada “primera globalización”, la que supuso una creciente internacionalización de la economía y un mayor alcance geográfico. La Segunda Revolución Industrial se distinguió igualmente por la electrificación de las fábricas, dando lugar a la producción masiva de bienes manufacturados y teniendo al automóvil como el máximo exponente de esta nueva era; de hecho, la energía eléctrica convergió con el motor de combustión interna, la que para ciertos procesos era propulsada por combustibles fósiles derivados principalmente del llamado “oro negro”.

Por su parte, la conjunción de la tecnología de comunicación de Internet y las energías renovables, a mediados de la centuria pasada, marcaron el punto de partida de la Tercera Revolución Industrial, pero hay quienes igualmente la han definido como “Revolución Científico-Técnica” o “Revolución de la Inteligencia” al tomar en cuenta los avances logrados en este siglo.

Esta última metamorfosis comenzó hace unos 32 años con la microelectrónica, el auge de Internet, un mayor énfasis en la investigación y el desarrollo (I+D), el uso de energías 100% renovables, el big data, la tecnología smart grid o red para la distribución inteligente de energía eléctrica, el transporte basado en vehículos eléctricos y la biotecnología, sumado al rápido desarrollo de las industrias informática y de telecomunicaciones.

Oscuro panorama

Algunos especialistas aseguran que la Cuarta Revolución Industrial ya está en marcha, mientras que otros sostienen que aún es demasiado pronto como para decir que ya comenzó, aunque ambas posturas coinciden en que el panorama estará caracterizado por el irrefrenable uso de tecnologías como el big data, la nube, el Internet de las Cosas (IoT) y el Internet de Todo (IoE).

Especialistas de la talla de Hans Vestberg, jefe de Presidencia de Ericsson, consideran que el IoT alcanzará su plenitud hacia el año 2020, y sólo hasta entonces, “cuando al menos 50 mil millones de aparatos estén conectados entre sí, habremos llegado a una Cuarta Revolución Industrial”, la que también estará definida por un evidente cambio a nivel de logística y de la cadena de suministros debido a la creciente robotización de los almacenes y a la entrega de productos mediante el uso de drones, y qué decir de la digitalización y la impresión en 3D, tecnologías que impactarán específicamente en los procesos productivos y los mercados laborales.

El impacto en el mercado laboral y el descontrol para la habilitación del capital humano que será desplazado por la tecnología, el aumento de la desigualdad, la baja o nula planificación de los cambios sociales y todo lo relativo a la seguridad fueron algunos de los tópicos que se debatieron durante la 46ª edición del Foro Económico Mundial celebrado hace un año en Davos, Suiza, el que oportunamente se tituló “Gestionar la Cuarta Revolución Industrial”, misma que fue definida por algunos de los participantes como “una especie de tsunami de avances tecnológicos” que transformará todos los sectores industriales a razón de un mundo cada vez más digitalizado.

Hacer un recuento de lo que han significado las tres primeras Revoluciones Industriales es también un buen pretexto para resaltar un punto de coincidencia: en cada una de ellas: cambiaron las fuentes de energía básicas, el tipo de actividades industriales más dinámicas, su localización en el territorio y los medios de comunicación disponibles para desplazar mercancías, personas e información, pero todo indica que la inminente llegada de la Cuarta Revolución Industrial ubicará al ser humano como el punto de inflexión dentro de una puesta en escena basada en su esencia moral y ética.

Específicamente en la materia que nos concierne y sobre la manera en que el llamado “tsunami tecnológico” transformará las viviendas, cuyo modelo ha sido prácticamente igual desde hace décadas, hablaremos en la siguiente entrega.

* El autor es Director Editorial de Digital Bricks (ricardo.garcia@digitalbricks.com.mx)

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