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De la CMIC a Peña: ¡suelten la ‘marmaja’ desde enero!

18 septiembre, 2017.

Por Armando Paredes

armando.paredes@digitalbricks.com.mx

Gustavo Arballo Luján (CMIC).

EL SEGUNDO semestre de 2017 inicio con el pie izquierdo para la industria de la construcción, debido a que en julio reportó una contracción de -3.7% respecto al mismo mes del año pasado, de acuerdo con las cifras que aporta el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

¿Qué significa esto en buen cristiano? Pues que los empresarios de la construcción tendrán que remar contra la corriente un buen rato más, pues las perspectivas de crecimiento económico que se proyectan en el nuevo presupuesto del gobierno federal para el 2018, no parecen que vayan a destrabar el problema.

Por eso el mero mero de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción, don Gustavo Arballo Luján, urgió a las autoridades a “soltar” el dinero destinado a la obra pública en cuanto se terminen de dar los abrazos de año nuevo, y no esperar -como ya es costumbre- a que pasen los meses y la lana nomás no fluya hacia donde debe ser invertida.

Esa sería una forma de incentivar el negocio de la edificación en el país, dinamizando la obra pública que este año ha permanecido congelada, sin que nadie se explique las razones, pues las variables económicas se han comportado bastante “decentes”. A menos, claro está, que tengan razón los “mal pensados” de siempre: que el dinero sí está fluyendo… pero a los bolsillos de los próximos candidatos que se lanzarán con todo a buscar nuevas posiciones políticas y para ello necesitan tener cuentas bancarias -y no bancarias- muy abundantes.

El hecho de que sea año electoral complicará mucho las cosas para varios sectores de la industria, incluido el segmento de la construcción. Arballo dijo que “la CMIC siempre ha pugnado porque el gasto público se ejerza desde el mes de enero, y al parecer ahora sí existe el compromiso del gobierno federal de hacerlo”. Pidió que el gobierno “ponga el ejemplo ejerciendo recursos a partir de enero, para que fluya rápidamente a los estados y los municipios”.

Enrique Peña Nieto (México).

Así las cosas, lo que quieren los constructores, en pocas palabras, es que el presidente Enrique Peña Nieto y compañía no se hagan “patos” y suelten la “marmaja” en enero, independientemente del proceso electoral. Además está de por medio la negociación del Tratado de Libre Comercio, un escenario donde no se sabe todavía con certeza cómo quedarán parados los constructores. ¿Cuántas hojas necesitarán Arballo y sus huestes para escribirle esa carta a Santa Clós? Y sobre todo, ¿ese pliego petitorio llegará a quién realmente toma las decisiones? A ver si no están como la canción del “Aserrín, aserrán”: Los maderos de San Juan piden pan y no les dan; piden queso y les dan un hueso, que se les atora en el pescuezo, y se sientan a llorar en las puertas del zaguán.

¿Y qué dicen los analistas del mercado de esta situación? En la firma Invex, por ejemplo, piensan que “es relevante observar que por primera vez en varios años la edificación tiene un desempeño más adverso que la obra civil. Las expectativas para lo que resta del año no son muy optimistas. La construcción se verá lastrada por el encarecimiento de los materiales y una menor inversión pública y privada”.

Sus colegas de Banorte prevén que “es probable que la industria de la construcción se vea limitada por la caída que ha presentado la inversión en proyectos públicos, derivado del esfuerzo de consolidación fiscal que ha llevado a cabo el gobierno federal durante el presente año. Asimismo, consideramos que la incertidumbre respecto al dinamismo de la economía mexicana generará una fuerte desaceleración en los flujos de inversión privada destinada a la construcción”.

Pero en esto también hay puntos de vista por demás “cantinflescos”, como la opinión expresada por el dirigente de la CMIC de Aguascalientes, Luis Francisco Romero David, quien con mucha seguridad dijo que el crecimiento que se ha tenido en el transcurso de ocho meses es “no bueno pero tampoco malo”. ¿Entonces?

Luis Francisco Romero David (CMIC Aguascalientes).

Lo bueno es que en Aguascalientes parece que están “blindados” contra el pesimismo, pues Romero David consideró que “los constructores podrán reportar un buen año en obra pública, al menos por lo que respecta a los agremiados a la CMIC, pues también se tiene conocimiento de que hay entidades del país en donde empresas constructoras no tienen trabajo por parte del servicio público y subsisten con las privadas”. ¡Cáspita!

Luego, el secretario general de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) en Puebla, Fermín García Merino, mostró que él ve un escenario muy diferente: “El panorama de la industria en 2017 es malo, al decaer la actividad ante la falta de obra, ya que sólo se tiene trabajo en proyectos de construcción privados, pero pequeños”.

Lo que observa el líder poblano de la CTM parece más cercano a lo que ocurre en otras partes del país, donde “la industria de la construcción sigue sin poder estabilizarse y algunas empresas pasan por un momento difícil ante la falta de ejecución de obras, hecho que mantiene a cerca del 30 por ciento de los trabajadores sin empleo”.

Manifestó que es importante que se reactive la industria de la construcción, ya que genera trabajos directos e indirectos, “pues no sólo se trata de emplear a los alarifes (así les llaman en algunas regiones a los albañiles, arquitectos y artesanos del oficio constructor), sino también a transportistas, empresas distribuidoras de material, constructoras, ingenieros y arquitectos”.

García Merino sabe de lo que habla, pues también identificó que otra de las situaciones a las que se enfrenta el sector es el incremento del precio de los materiales, ya que tan solo el cemento y el acero tuvieron un alza de entre un 15 y un 18 por ciento, mientras que el concreto aumentó su costo en un 25 por ciento.

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