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La mexicana Gabriela Carrillo ganó el Premio Internacional Mujeres en la Arquitectura

25 julio, 2017.

A la arquitecta mexicana Gabriela Carrillo se le ocurrió diseñar un pequeño complejo para albergar salas de juicios orales en Pátzcuaro, Michoacán, retomando la vieja tradición de las construcciones purépechas, llamadas Las Trojes, lo que le valió ganar el máximo reconocimiento internacional de arquitectura para las mujeres, el Premio Internacional Mujeres en la Arquitectura.

El sitio especializado en arquitectura, arq.com.mx, destacó la noticia consignando que “Carrillo consiguió este galardón luego de que en su propia firma Taller Mauricio Rocha-Gabriela Carrillo, imaginaran un proyecto que devuelve la dignidad a las salas de los juicios en México”.

Como antecedente a este acontecimiento, valga recordar que en México “el sistema de justicia es uno de los más retrasados, y paradójicamente más injustos. En 2008, sin embargo, se aprobó una ley que incluye los juicios orales y que se ha ido implementado paulatinamente, con un gran reto por delante por mejorar este crucial eslabón. Este cambio transformará no solo el que los juicios serán grabados, que los acusados tendrán más atención personalizada, etcétera; también mejorará las condiciones psicológicas tanto de los acusados como de las víctimas, ya que se contempla el uso de espacios mucho más adecuados y menos administrativos”, explicó el portal.

Un proyecto de ‘arrobadora arquitectura’

El proyecto con el que Carrillo alcanzó el reconocimiento” es un espacio dedicado especialmente a los juicios orales. Además de su arrobadora arquitectura, circular, hecha con piedra de la región, excelentes detalles en madera como muros, o su inteligente uso de la luz al interior de los espacios, el diseño está inspirado en una de las casas prehispánicas de la región, específicamente del pueblo purépecha de Angahuan: Las Trojes, casas hechas con madera (propia de la zona) y que, además, guardan un compartimiento (tipo tapanco), para proteger el maíz”.

Las trojes se forman de gruesos tablones hábilmente unidos por poderosos tacos de madera, sin usar clavos. Sus techos son de caballete, cuyos volados forman amplios portales. La planta generalmente es cuadrada y los alzados sólo tienen una puerta y en ocasiones una ventana, publicó el sitio a manera de reseña de la obra.

Con este tipo de disposición de los espacios, Carrillo imaginó esta sede, que también podría asemejar al centro ceremonial de Tzin Tzun Tzan, donde en algún punto todos los espacios ofrecen vistas panorámicas, de modo que, aunque se siente como un lugar resguardado, también se percibe como uno con oxígeno y libre. “Fue fundamental el uso de cristal en todos ellos y de muros con orificios, para proveer de esta posibilidad”.

Este proyecto, además de presumir originalidad, devuelve a la arquitectura su rol metafórico: la arquitectura como creadora y comunicadora de mensajes, como un vehículo para crear más humanidad, concluyó el portal de arquitectura al celebrar el reconocimiento ganado por Gabriela Carrillo.

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