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Los constructores, como la Rana René

22 junio, 2017.

Mal que bien el valor del peso mexicano frente al dólar se mantiene estable, de las amenazas de Donald Trump ya nadie se acuerda (o nadie las toma en serio), por todas partes se ve la oferta que existe en el mercado inmobiliario, pero es un hecho que “no todo lo que brilla es oro”, o bien que “todo depende del cristal con que se mira”.

Es el caso de la industria de la construcción, donde se escuchan voces encontradas, pero los números están ahí para confirmar que la edificación de viviendas se ha desacelerado y el panorama que enfrenta el sector constructor no es el mejor posible, cuando vamos a la mitad del río (terminando junio) y algunos quisieran bajarse del caballo.

Los cementeros acaban de decretar, por sus pistolas, un aumento al precio del cemento, lo que trae muy enojados a los promotores de vivienda; la inversión en obras públicas sigue estancada, detenida o en franco retroceso, todo porque en el 2018 será el temido pero esperado año electoral que podría redefinir el rumbo del país.

De acuerdo con un informe de escenarios de crecimiento, elaborado por la consultora Forecastim, la industria de la construcción en México “atraviesa por un momento complicado”. No hace falta ser Moni Vidente para darse cuenta. Estos amigos dicen que la situación es preocupante, porque una menor producción de vivienda enciende los focos rojos en toda la industria, ya que son los vivienderos quienes han sacado a flote al sector en los últimos años.

Puede ser, pero luego hay que escuchar a cada segmento por separado para armar el rompecabezas: los pintores agrupados en la Anafapyt dicen que los gobiernos “no pintan” los espacios públicos como sería deseable, los desarrolladores de grandes proyectos comerciales e inmobiliarios se quejan del exceso de trámites y las “mochadas” que tienen que pagar, los constructores de carreteras, vialidades, parques y demás obras civiles no entienden por qué el gobierno ha cerrado la llave presupuestal de las inversiones públicas que está obligado a realizar. Luego, como la Rana René, se acuerdan que vienen las elecciones federales y que es posible (aunque es una muy remota posibilidad que casi nunca sucede en México) que a la mera hora se quieran intercambiar obras de relumbrón por votos de incautos ciudadanos. O peor todavía, que esos dineros se utilicen quién sabe para qué, menos para comprar ladrillos.

 

 

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