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Albañiles, más que un eslabón en la cadena constructora

2 mayo, 2017.

Staff Digital Bricks

La asociación de palabras es uno de los test proyectivos más comunes y un método que permite, entre otros resultados, evaluar la personalidad de un sujeto. Recurriendo de alguna manera a este tipo de técnicas de psicodiagnóstico, aunque utilizando imágenes, Digital Bricks se dio a la tarea de consultar a cien personas para descubrir qué es lo primero que pasaba por su mente al momento de mostrarles dibujos de, por ejemplo, un edificio de departamentos, un arquitecto, una excavadora y un albañil.

Después de emular un poco el estilo del programa televisivo “100 mexicanos dijeron”, pudimos detectar una abrumadora coincidencia con respecto a las respuestas, pues casi todas las personas consultadas mencionaron la palabra “construcción”, especialmente en el caso de las tres primeras imágenes, pero lo que sorprendió aún más fue percibir un cierto titubeo o casi nula asociación del dibujo del albañil con el oficio de edificar.

Muchos de los encuestados respondieron “cemento”, “tabiques”, “pobreza” al ver esta última imagen, y no faltó quien la relacionara con “reparación”, De alguna manera dichas respuestas podrían considerarse lógicas, ¿pero acaso no son los albañiles la célula operativa de esta industria o uno de los eslabones más importantes de la actividad constructora?

Realizar este ejercicio fue una curiosa propuesta de un estudiante de preparatoria, quien para sustentar uno de sus trabajos escolares manejó la hipótesis de que los albañiles, aun representando una piedra angular de la edificación, hoy siguen siendo minimizados o vistos como personas inferiores, y hay hasta quienes los siguen considerando “esclavos urbanos”.

 

Solo como breviario cultural, cabe mencionar que durante la Colonia los españoles realizaron incontables expediciones armadas para capturar indígenas y convertirlos en “malocas”, como se les llamaba a los esclavos en aquel tiempo; también podían adquirirlos, ya sea como cautivos de guerra o los “rescataban” después de haber sido reducidos a servidumbre por otros indios.

Lo que más nos concierne de todo este tema es que tanto los esclavos africanos negros como los indios esclavizados eran sometidos a trabajar principalmente en las plantaciones de café, caña, algodón y cacao; otro tanto se destinaba a labores riesgosas como la minería, y en menor cantidad se recurrió a la mano de obra indígena para trabajos de construcción.

Al paso del tiempo la albañilería se convirtió en una actividad gremial y, para pertenecer al grupo, cada candidato debía ser aceptado por los demás miembros. El interesado comenzaba como aprendiz y, según sus habilidades y experiencia, podía subir de grado hasta llegar a “maestro”, posición que le otorgaba la oportunidad de ejecutar las obras siendo supervisado únicamente por el arquitecto.

Entre la realidad y los números

En mayo de 2004 la cantidad de albañiles en nuestro país ascendía a un millón 131 mil, cifra que prácticamente se duplicó en tan solo una década, pues en 2014 el INEGI reveló que había dos millones 419 mil de los también llamados trabajadores de la construcción.

Con los aportes de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), dicho Instituto indicó que hace casi tres años los albañiles representaban el 4.8% de la población ocupada y, de ésta, el 99.6% eran hombres y el 0.4% mujeres. Refirió además que el 44.7% ganaba de dos a tres salarios mínimos, el 24.8% de tres a cinco, el 22.1% de uno a dos, el 6.8% solamente un salario, y que apenas el 1.6% ganaba más de cinco salarios mínimos por día.

Asimismo, 13 de cada 100 albañiles trabajaban dentro de empresas y negocios, mientras que el 85% lo hacía en construcciones de casas habitación, laborando por su cuenta en la reparación o el mantenimiento de viviendas y edificios, lo cual significa que la mayoría se desenvolvía de alguna manera en la informalidad, por lo que carecían de prestaciones sociales (86%) y no tenían acceso a las instituciones de salud (89.3%).

Lo anterior se relaciona con la naturaleza propia de la construcción y la magnitud de la misma, de la cual depende la estabilidad en el empleo de los albañiles, dado que en muchos casos la obra suele ser de corta duración, aparte de que la mayoría de los albañiles son contratados en forma verbal y realmente muy pocos son los que llegan a firmar un contrato.

La palabra albañil proviene del árabe al-banna y significa “el que construye o edifica”, refiriéndose a la persona que realiza trabajos básicos y forzados, así como tareas no especializadas dentro de una obra, aunque muy oportuno resulta citar aquella frase de “la práctica hace al maestro” y reconocer que, en muchas ocasiones, esos maestros suelen superar a los más doctos o especialistas en ingeniería o arquitectura.

Un día muy especial

En materia de creencias, dentro de la comunidad constructora mexicana hay desde escépticos hasta protestantes o evangelistas, pero no cabe duda que casi todos los trabajadores en esta industria (albañiles, peones, arquitectos e ingenieros) profesan la religión católica. A nivel de profesiones, se dice que el patrono de los albañiles es San Antonio de Padua, aunque es más que evidente una veneración particular hacia la Virgen de Guadalupe y hacia la Santa Cruz.

¿Y cómo comenzó a conmemorarse el Día de la Santa Cruz, fecha en la que también se celebra el Día del Albañil? Aproximadamente en el año 360, Helena de Constantinopla, madre del emperador Constantino, al encontrar un fragmento de la cruz en la que presumiblemente fue martirizado Jesús de Nazaret decide construir una basílica donde sería resguardada dicha reliquia.

Desde la Edad Media se empezó a celebrar el tan afortunado hallazgo, asociándolo justamente con la labor de construir. Este festejo, que se realiza cada 3 de mayo, sigue vigente en varios países de Europa y especialmente en España, donde -según algunos teóricos- surgió la tradición, a la que también se le conoce como “Intervención de la Santa Cruz”, “Cruz de Mayo” o “Fiesta de las Cruces”,

En México, la celebración data de la época Colonial y al paso del tiempo ha adquirido identidad propia. Hoy en día es muy común ver a los albañiles llevar a bendecir una cruz de madera después de concluir su jornada laboral, la que ellos mismos adornan con flores y arman a partir de los desechos de las construcciones donde están trabajando.

Posteriormente colocan la cruz en lo más alto de la obra y, en compañía de familiares y amigos, comen, beben y dan inicio al baile y al convivio, el que normalmente es apadrinado por el propietario de la edificación o, en su defecto, por los ingenieros o residentes de la obra, aunque en “tiempos de vacas flacas” todos estos gastos y hasta las flores de la cruz son resultado de una “coperacha” entre los propios albañiles.

Debe mencionarse que, cuando los primeros evangelizadores llegaron a territorio azteca, ponían cruces en las nuevas construcciones de iglesias, conventos y casas de oración, pero la desnudez de los maderos no era bien recibida por los oriundos del lugar, así que decidieron pintarlas con colores llamativos y adornarlas con flores y listones.

Todo el día se escuchan cohetes por varias partes de la Ciudad de México, y lo mismo sucede en otras plazas del país, sobre todo en el sureste y en Veracruz que, de hecho, significa “la Cruz Verdadera”.

La última y nos vamos

Otra de las tradiciones asociadas al “Día de la Santa Cruz” ha sido promovida desde hace ya varios años por la Cooperativa La Cruz Azul, la que cada 3 de mayo realiza un festejo masivo para los trabajadores de la construcción. Los maestros albañiles, también acompañados de familiares y amigos, se reúnen por la mañana en el Estadio Azul, donde reciben obsequios y llevan a cabo diferentes actividades o dinámicas de convivencia. Después participan en una misa para bendecir las cruces y agradecen por el trabajo realizado a lo largo del año.

La jornada festiva culmina regularmente con la presencia de reconocidos grupos musicales (en 2016 participaron, por ejemplo, la banda norteña conocida como “La Trakalosa” y la agrupación de “Margarita, la Diosa de la Cumbia”).

Muy probablemente este 2017 será el último año en el que los festejos del 3 de mayo para la comunidad constructora se realicen en el Estadio Azul, pues de todos es sabido que el equipo de futbol, propiedad de la Cooperativa de la Cruz Azul, regresará al Estadio Azteca en 2018, inmueble en el que los llamados “cementeros” no participan como locales desde hace ya 20 años.

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