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Una cementera juega con fuego y la Guerra del Anillo llega a México

28 abril, 2017.

COMO SUCEDE con todos los gigantes dentro de su mercado, la polémica y las prácticas de ética cuestionable siempre terminan por exhibir a sus más altos directivos, quienes practican el insano deporte de “escupir para arriba” y terminan ahogándose en su propia saliva.

Es el caso de la cementera que las manda cantar a nivel mundial, la franco-suiza LafargeHolcim, quien fue acusada de haber incurrido en posibles “crímenes de guerra” al haber financiado a grupos armados de Siria, relacionados con la temible organización Estado Islámico, a cambio de que le permitieran seguir operando una de sus fábricas en la región de Jalabiya, al norte de Siria… ¡en plena guerra!

Eric Olsen, ex de LafargeHolcim.

El escándalo le costó la cabeza al mismísimo Presidente Ejecutivo de la compañía, Eric Olsen, quien es mitad francés y mitad gringo, y dejará el cargo a partir del 15 de julio. Hasta entonces, la justicia francesa le dio tiempo para que recoja sus chivas y se vaya a colar cemento a otro lado.

Por supuesto, Mr. Olsen se hizo como que la Virgen le habló y dijo ser inocente de tal escándalo del que “no se dio cuenta”, aunque como es muy buen muchachito prefirió renunciar para no hacer más grande el barullo, luego de que los ojos del mundo están puestos sobre ese conflicto armado.

Pero todo indica que a estos cementeros de alto calibre les gusta jugar con fuego o, de plano, disfrutan patrocinando a cuanto canalla encuentran en el mundo, pues hace apenas unos meses se supo que la corporación está más que puesta para venderle su cemento al locadio de Donald Trump en sus intentos por construir el muro fronterizo para aislar a México. Ese desliz puso a la organización en la mira del “sospechosismo” mundial, lo que ocasionó que el gobierno de la ciudad de París le cancelara un contrato mediante el cual le compraría arena para sus playas artificiales este verano.

En el caso de Siria, los voceros de la firma salieron a decir -cual político mexicano- que lo ocurrido no estaba en línea con las prácticas establecidas o con la filosofía de la empresa, y que “se cometieron errores significativos de juicio, contraviniendo el código de conducta aplicable”, pero que a pesar de eso su jefe era más inocente que Pepe El Toro.

Ya nomás faltó que los de LafargeHolcim machacaran con aquello de que “las cosas buenas no se cuentan, pero cuentan mucho”.

Jill Magid, la artista del anillo.

CENIZAS Y DIAMANTES podría ser el título del terrorífico cortometraje que se está escribiendo en estos días en la Ciudad de México, luego de que se conoció la extraña noticia de que la renombrada artista estadounidense, Jill Magid, diseñó y elaboró un anillo de diamantes a partir de las cenizas del reconocido arquitecto mexicano Luis Barragán, fallecido hace unos meses.

El anillo de Barragán.

El famoso anillo se encuentra en exhibición en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) de la Ciudad de México desde el pasado 27 de abril. Aunque Magid dijo que con su anillo sólo quería “provocar reflexiones” sobre la obra de Barragán, los fans del arquitecto se le han lanzado a la yugular. Lo menos que le han dicho es que no tenía derecho a profanar sus cenizas, que legalmente es una violación a las disposiciones mexicanas, etcétera.

El Museo dijo que está presentando el “anillo de Barragán”, como ya se le conoce en todo el mundo, por su “avanzada visión intelectual”, mientras que sus detractores no bajan a Magid y a las autoridades del MUAC de arrogantes. El anillo, aseguran, “es una pieza pretenciosa, engañosa y arrogante que profana sus restos y pretende ser arte”.

Este thriller también podría llamarse “La guerra del Anillo”, si el célebre escritor JRR Tolkien lo permite. ¿Arte o profanación?, mejor vayan a ver el anillo; nomás no se lo quieran probar… ¡no se vayan a convertir en Gollum!

A PROPÓSITO de arquitectos, el genio moderno del diseño, Norman Foster, le pegó al clavo con su definición de lo que reflejará el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM) al decir que será como “una catedral en el espacio”.

Norman Foster, arquitecto del NAICM.

Foster, quien está detrás de este gran proyecto, lo diseñó como una obra sustentable, capaz de reciclar el agua de lluvia por más contaminada que ésta llegue del cielo lleno de humo del otrora Distrito Federal. Por cierto, Foster tuvo a su cargo la (¿ingrata?) tarea de explicarle los detalles arquitectónicos del NAICM al presidente Enrique Peña Nieto en una reciente visita a la obra. El mandatario no disimuló su “cara de what”, pensando tal vez en que allí tampoco le aplauden y que, como lo bueno no se cuenta, hubiera sido mejor contratar a Foster para que le diseñara la Casa Blanca, por aquello de que también hubiera sido una “catedral” contra los mal pensados.

armando.paredes@digitalbricks.com.mx
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