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El tornillo: la historia de un pequeño gigante

1 abril, 2017.

A los primeros destornilladores se les llamó “giratornillos” y eran brocas de hoja plana que podían unirse al berbiquí de un carpintero.

En el mundo de la construcción existe, desde miles de años atrás, unos artilugios cuya importancia y orígenes son desconocidos por la mayoría de las personas; nos referimos a los tornillos, que presumiblemente fueron inventados por el griego Arquitas de Tarento (430-360 a.C.), a quien también se le atribuye el invento de la polea.

Por su parte, Arquímedes de Siracusa (287-212 a.C.) perfeccionó el tornillo y lo llegó a utilizar para elevar agua, además de haber sido el creador del tornillo sin fin, aunque algunas hipótesis apuntan a que el inventor griego lo conoció durante uno de sus continuos viajes a Egipto.

Pero para conocer un poco más acerca de la interesante historia de este revolucionario invento, aquí les ofrecemos un texto levemente modificado del arquitecto y profesor canadiense-americano Witold Rybczynski, escritor de más de 300 artículos y trabajos sobre temas relacionados con la vivienda, la arquitectura y la tecnología, así como autor del famoso libro “La casa: la breve historia de una idea”.

Desde la antigüedad, el tornillo sin fin se ha utilizado como sistema de riego para mover agua de un nivel a otro; hoy en día también sirve para mover granos de cereales en los molinos y materiales de construcción en las minas.

Tanto las sierras como los martillos, clavos, cinceles, taladradoras y las escuadras datan de la Edad de Bronce o principios de la Edad de Hierro. Muchos tipos de herramientas modernas se originaron incluso antes, en el Neolítico (hace unos 8,000 años); de hecho, sólo hay una herramienta que desconcertaría realmente a un carpintero romano y a uno medieval: el destornillador.

Los romanos, sin embargo, entenderían el principio de los tornillos; después de todo fue Arquímedes quien inventó el torno en el siglo III antes de Cristo. Los antiguos tornillos eran grandes artilugios de madera que se utilizaban para sacar agua, mientras que uno de los aparatos más antiguos que utilizó tornillos para hacer presión fue una prensa para ropa hecha por los romanos. En aquel entonces también se utilizaron las prensas para hacer aceite de oliva y vino.

La Edad Media aplicó el mismo principio a la imprenta y al diabólico aparato de tortura llamado “empulguera”; no obstante, se desconocía el tornillo común como pequeño instrumento de fijación.

Los tornillos de madera se originaron en algún momento del siglo XVI y hubo que esperar hasta el año 1850 para que se hicieran en grandes cantidades. Representaron igualmente un método de unión completamente nuevo y más duradero que los clavos, que podían salirse de la madera si ésta se secaba o se expandía; esto hizo que los tornillos hayan sido especialmente útiles en la construcción de barcos.

El tornillo de madera afilado con punta de barrena, al igual que “su primo” el perno, junta perfectamente las dos piezas que han de unirse. Los tornillos de madera son más fuertes y duraderos que los clavos, las clavijas o las grapas.

Pero el rey de los tornillos, sin duda, es el tornillo de precisión, que al principio se hacía de forma rudimentaria (a mano) y luego con listones para cortar, lo cual es como discutir sobre el tema de la gallina y el huevo, pues fue el tornillo el que hizo posible los listones de máquina.

El tornillo mecánico

En cuanto al tornillo mecánico, éste representó un progreso tecnológico de proporciones épicas al permitir el ajuste exacto de una serie de instrumentos de precisión, como los relojes, los microscopios, los telescopios, los sextantes, los teodolitos y los cronómetros marinos. No es exagerado decir que los tornillos bien roscados transformaron el mundo y, sin ellos, campos enteros de la ciencia habrían languidecido, como por ejemplo la navegación, la que hubiera seguido siendo primitiva, y además no habría sido posible construir los buques de guerra ni se hubiera desarrollado el comercio marítimo de los siglos XVIII y XIX.

Los tornillos baratos son algo esencialmente moderno, aunque su producción masiva exige un alto grado de precisión y de estandarización. Sobra decir que sin los tornillos no habría herramientas y, por consiguiente, tampoco productos industriales ni se hubiera suscitado la llamada Revolución Industrial.

Por su parte, a los primeros destornilladores se les llamó “giratornillos” y eran brocas de hoja plana que podían unirse al berbiquí de un carpintero. No se sabe quién inventó el destornillador manual, pero en principio no mostraron una gran demanda debido a que eran bastante caros, pues debían hacerse cuidadosamente a mano y se utilizaban para crear artículos de lujo como los relojes, y no aparecen en las cajas de herramientas hasta después del año 1800.

 

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